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domingo, 22 de agosto de 2010

La diversificación de especies mediante la selección natural (III)

Como ya hemos visto en el la parte I y la parte II, las mutaciones afectan a individuos de una especie que, debido a su éxito o fracaso a la hora de sobrevivir y reproducirse, han logrado fijar o no esos cambios a su código genético, convertiendo la excepción en la norma o desapareciendo para siempre en el olvido evolutivo. En algunos casos, las variedades intermedias habran desaparecido sin dejar rastro, otras, sin embargo, habrán dejado un bonito fósil que nos permitirá conocer cómo una especie de planta se convirtió en otra. El problema, precisamente, es que no existen fósiles de todos los "terminos medios" entre una especie y otra, e incluso especies puente entre dos especies muy distintas, también han desaparecido. Esto es porque la fosilización es un proceso complejo que requiere unas determinadas circumstancias para producirse, y éstas no siempre se dan.

Pero volviendo a nuestro particular caso de análisis, debemos recordar en qué punto nos encontramos. Estamos en una zona de la tierra con un bosque de árboles con grandes hojas, que recogen el agua de la lluvia, muy escasa desde hace siglos. Éstos árboles han crecido tanto que la zona baja del bosque es cada vez más oscura. La conocida como "planta de bosque" ha desarrollado un tallo central duro que le permite alcanzar el metro de altura, logrando mas luz del Sol.

Al norte hay un río. Esa corriente de agua delimita el fin del dominio de la "planta de bosque", pues al otro lado la planta común es la "plantita verde punzante". Esta especie, en realidad, es una pariente lejana de la que se encuentra en el bosque, aunque milenios de evolución han dividido tanto las dos especies que casi resultaría imposible ver la conexión entre ellas a simple vista. De hecho, la "plantita verde punzante" no tiene tallo central. Sus hojas verdes salen directamente de debajo de tierra, como lo hace la hierba. Sin embargo, debido al ataque constante de los ratones, que se alimentan de esa planta, ha desarrollado un sabor amargo y unas púas que impiden ser devoradas. Esta planta tiene la hoja más fina, pues al estar en esa zona, el río humedece mucho el terreno y las plantas no necesitan almacenar tanta agua.

Pero en los últimos años, un estudio ha arrojado una duda sobre los investigadores; Las plantas del lado del río están menguado en número. Se investigan todas las causas que se les ocurre a los científicos. No son los ratones los que se comen las plantas, tampoco hay inguna plaga de insectos ni ninguna enfermedad ataca a la vegetación. El suelo es fértil y las plantas reciben luz y agua suficiente. Entonces, un joven botánico, en un descubrimiento casual, ve algo que puede solventar el problema.

Las semillas de la "plantita verde punzante" germinan fácilmente cuando logran enterrarse en tierra fértil, pero el problema es que hay menos semillas que lo logran respecto a generaciones atrás. El hecho es que, con el aumento de tamaño de las púas de la especie de río, el espacio que tenían antes las semillas para caer y encontrar suelo fértil se ha reducido considerablemente y ahora muchas de ellas quedan dentro de la planta, sin tocar tierra. A la larga esto puede significar que la especie cada vez tendrá menos descendecia y qualquier contrariedad podrá arrasar con todos los individuos en pocas generaciones, llegando a una extinción completa.

Sin embargo, en cierto momento, una de las plantas muta, y sobre sus semillas aparece una covertura carnosa, debido a un "fallo" de sintetización de la planta, que concentra demasiados azúcares en esa zona en concreto. Curiosamente, los pájaros de la zona, atraídos por el dulzón olor de la semilla de la nueva planta, se dirígen a ella para alimentarse del pequeño fruto. Los pajaros logran posarse con cuidado sobre las espinas y se comen casi todas las semillas. Como un cúmulo de casualidades afortunadas, con las heces de los pájaros, las semillas surgen intactas y muchas se precipitan a cientos de metros de sus lugares de orígen, cayendo sobre suelo fértil y, lo que es más, abonadas por las deposiciones de los pájaros. Así pues, esas semillas, que germinan con vigorosidad, pronto dan lugar a nuevas plantas con fruto dulce, que con los años se convierte en una fruta de color rojo brillante y muy dulce, pues éstos son los frutos que más atraen a los pájaros. Los individuos que hayan evolucionado, por ejemplo, endureciendo el fruto, con el tiempo se pierden, pues los pájaros no se lo pueden comer. Los que no desarrollen un color llamativo no atraeran tantos pajaros como los de color rojo vivo y por tanto, se reproducirán menos. Así pues, el joven investigador descubrió el problema y vió como la naturaleza lo solventaba.

Obviamente aquel joven ya no vive, pues han pasado miles de años, pero sus compañeros botánicos de la actualidad han decidido que la planta que ahora se encuentra al norte es completamente distinta que aquella que tienen reflejada en sus informes milenarios como "plantita verde punzante". Así pues, tras arduas discusiones académicas, se llega a un acuerdo y se nombra a la planta de la zona como "espino frutal".

Al otro lado, en la zona del bosque, tras muchos años inalterada, la "planta de bosque" ha tenido un canvio curioso. Uno de los individuos surgió con semillas "defectuosas". estas habían surgido deformadas, con una rebaba fina a su alrededor. Sin embargo, cuando llega la época de la caída de las semillas, las de la rebaba tienen una pequeña ventaja. La membrana fina que las rodea les permite ser arrastradas por el viento y llegan un poco más lejos que sus congéneres, poblando lugares más vacíos y por tanto más fértiles. Las nuevas plantas "defectuosas" crecen fácilmente y transmiten el error a sus congéneres. Durante cientos o miles de generaciones, la rebaba se convierte en una especie de ala que hace que en verano, el paisaje se llene de miles de semillas voladoras, que logran llegar hasta las montañas del sur y también fácilmente al norte del río, donde se encuentra el "espino frutal". Allí la planta germina y algunos indivíduos logran sobrevivir. Tienen agua y sol y están a salvo de los ratones, que no logran comerse el duro tallo ni trepar para comerse las carnosas hojas de la planta. Así, la conocida como "semillera voladora" ha logrado colonizar casi todo el terreno que la rodea.

Al sur, en las montañas, la vida es más dura. Allí tampoco llueve mucho, y debido a la pendiente del terreno, el agua de la lluvia no se acumula fácilmente en las zonas féritles. Sin embargo, la zona es extremadamente cálida, pues da el sol casi todo el día. Por esta razón las mutaciones van y vienen, algunas funcionando y otras no logrando mejorar la capacidad de obtener agua de la planta. En algunas generaciones, las plantas supervivientes han logrado desarrollar unas raíces que sobresalen de tierra, haciendo de barrera para el agua que corre sobre la roca y logrando obtener un poco más de agua. Sin embargo, debido al calor extremo, las hojas anchas de la planta hace que se evapore mucha agua durante el día. Los individuos que nacen con hojas ligermanete más finas sobreviven más facilmente y por tanto, su descendencia se multiplica. Con los años, se llega a un canvio increíble; la "semillera voladora" ahora tiene largas hojas finas que caen hasta el suelo, ayudando a las raíces a retener agua y proyectando sombra sobre las raíces, para que el agua acumulada no se evapore. Así mismo, las hojas pierden menos agua que las de sus ancestros. Así llegamos a la que se conocerá como "semillera llorona" por sus hojas como lágrimas.

Pero eso no es todo; al norte, en el río, el clima es completamente distinto. La "semillera voladora" se encuentra en un lugar muy húmedo y el exceso de agua mata a muchos ejemplares. Durante siglos se desarrolla un nuevo cambio. Algunas hojas aparecen rasgadas, haciendo que el agua no se acumule tanto y concentrando menos la humedad. Así pues, en el norte vemos una variedad de "palmera semillera" que no existe en ningún otro lugar, ya que en la zona del bosque, ni los cambios del río ni los de la roca han tenido fuerza para consolidarse. Así pues tenenmos ahora tres especies distintas. Una de ellas es el ancestro de las otras dos, pero las tres viven adaptadas a sus circumstancias. Y en el norte tenemos dos especies distintas, la "palmera semillera" y el "espino frutal" que tienen en un pasado remoto a un mismo ancestro, la "plantita verde de tallos altos", original de la zona del bosque.

Según vamos aplicando cambios a las circumstancias, la selección natural, es decir, la supervivencia de los mejor adaptados, dirige las especies hacia un lado o otro. Si bien no sabemos a ciencia cierta si estas mutaciones ocurren como simples "fallos" de los genenes o si estan provocados por el ambiente y las circumstancias, el hecho es que sí que existen estas mutaciones. Los individuos, al reproducirse, transmiten sus genes, con fallos o no, a sus descendientes. Aquellos que mejor sirven para sobrevivir i tener descendencia, volveran a transmitir los fallos. Durante generaciones y generaciones, los "fallos" genéticos iran cambiando ligeramente, convirtiendose en nuevos apéndices, en mejores características o en sistemas más funcionales. Hasta el punto en que los individuos nuevos sean más eficientes que sus ancestros y por tanto, logren tener más descendencia y transmitir más sus genes. A la larga se impone la mutación y pasa a ser la norma, parte del propio organismo.

En muchos casos las mutaciones no son positivas, o símplemente son negativas, por ejemplo, si un animal nace ciego, tiene  menos probabilidades de sobrevivir y por tanto de reproducirse (pues llegará con más dificultades a la edad adulta) y su fallo se perderá. Las mutaciones ocurren contínuamente, pero que sean positivas o beneficiosas es algo más raro, por eso, la evolucion es un proceso a tan largo plazo. Así pues, debemos comprender que todo organismo viviente proviene de un organismo original, como una célula original y maravillosa de la qual, a base de mutaciones y ensayo y error natural, han surgido millones de nuevas especies, incluída el ser humano, con todas sus complejidades.

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